Su voz nace de su barriga, la tiene sentada dentro, por eso cuando quiere ponerse seria sabe dónde tiene que ir a buscar ese tono que inspira firmeza y seguridad, ese ritmo, esas pausas. Lo tiene dentro. Se conocen bien ella y su voz, menos cuando la primera bebe, que entonces deja escapar su tono hacia los agudos. Aunque siempre he pensado que eso también forma parte de su manera, que nada es casual, que los agudos forman parte de ese juego.
Creo que se gustan, que se lo han dicho mútuamente. Ella sabe seducir con sus labios, con su sonrisa pulida, perfecta, simétrica, transparente, sincera. Es fácil verla sonreír, poca gente ríe y sonríe más que ella. Y cuando ríe… ¡Qué risa! De esas que se pegan, que escucharla a distancia resulta inconfundible. Es de aquellas risas que cuando son muy largas e intensas se pierden en el aire, pero sin llegar a ahogarse; tal vez se le escapen algunas tímidas lágrimas, cuando la gracia llega más allá de las nubes. Es de aquellas risas que empiezan por la primera vocal, que se alarga y se alarga hasta estallar en carcajada. Y veo sus dientes blancos cuando ríe, porque abre su boca en forma de A.
Y sabe cantar. Puede cantarte aquello que tus oídos no toleran un domingo al mediodía. Y puedes amar lo que escuches salir de esa boca, desear escuchar su voz y aprenderte la letra para acompañarla en ese canto. Y saber cantar es dominar la voz, es tener un control total de cada sonido que emites desde dentro. Quien canta bien, controla bien su voz y sabe escuchar.
Se me erizan todos los pelos del cuerpo cuando esa voz me susurra al oído. No hace falta pronunciar nada concreto para lograr ese efecto de las palabras, todo está en la voz. Alarga las vocales, las ces y las qués son secas y claras, no titubea, nunca la he visto balbucear, las des toman una precisión perfecta y deslizan ese sonido desde su interior hasta mi oído, dejándolo salir en forma de aire, aire que atraviesa mis oídos y excita mi cuerpo. Todo es muy mecánico pero a la vez diferente a cada palabra. A veces ríe cuando susurra, entonces trata de disimular esa risa suave, cierra y abre la boca para coger otra vez aire y volver a formular la frase que la risa ha cortado, sin querer.
Y cuando llora… cuando llora esa voz cambia de color. Aparecen pausas, aparecen suspiros, contiene las lágrimas y no deja que se le rompa la voz, por eso las palabras no fluyen de la misma manera, y salen despacio y tímidas de su pequeña boca, que entonces no sonríe. Es algo poco habitual públicamente, pero cuando se da, es también una voz inconfundible, la voz de la tristeza.
Si en algo en especial me fijé el día en que la conocí, ese día fue esa voz. La misma voz que narra mis sueños, fantasías y deseos.
Es su voz.
21 de julio de 2015